lunes, 16 de noviembre de 2009

6:50 pm 16 de noviembre 2009

Continuación…

En este instante me pregunto… qué estoy haciendo?, ¿es lo correcto? El momento de análisis me dura solo milésimas de segundo ya que al sentir sus manos provocando mis sentidos regreso al presente y disfruto de ese profano momento en el que solo las sabanas son testigas de este bello encuentro.

Pero por más que quiera no puedo, ella está en mi cabeza. Gabriela regresa, me mira a los ojos, me besa y me sonríe. Dios su sonrisa, esa que me enamoro de ella, esa que al verla, me hacía pensar en el profundo azul del cielo, en lo feliz que era. Tal vez sea eso lo que más me duele. Ya no es mía. Ya no la puedo ver en medio de tinieblas color rosa, ya no me puede hacer olvidar los problemas, ni dar fuerzas para continuar. Su recuerdo testarudo no me deja seguir, no me deja concluir lo que con tantas ganas comencé.

Érica, de su boca sale mi nombre de esa forma en que solo ella lo puede pronunciar, entre sus manos me tiene y no quiero escapar, me siento cómoda en estos momentos, solo sus ganas y deseo me poseen, pero no importa, es satisfactorio lograr hacerle llegar a donde su cuerpo solo quiere ser mortal, ya que lo mas divino o indescriptible acaba de pasar.
Me toca y me provoca deseosa de hacerme sentir ese mismo placer, pero a pesar de sus esfuerzos es imposible, mi cuerpo no responde. El cuerpo en momentos como ese llega a un punto en que el deseo de sentir placer se apodera de él y le hace olvidar, pasado presente y futuro. Solo viviendo ese instante como si fuera la muerte, para descansar de toda culpa o remordimiento, se olvida de su mortalidad, toca lo celestial y luego en un instante parecido al anterior regresan los pensamientos, sentidos, el deseo que no acabara tan pronto. Y este no es ese momento. El cielo y el infierno paso con Gabriela, solo sentí todo eso entre sus manos.

Nuestras almas ahora descansan y nuestros cuerpos cansados sollozan, nuestros labios encendidos aun por las cenizas del deseo se brindan un pequeño beso, demostrando que es un ciclo infinito él tener a otro cuerpo como tuyo entre sabanas y poco tiempo. Solo espero que Érica no haya notado que mientras fue mía pensaba en ella y que mientras ella quiso hacerme suya Gabriela no lo permitió.

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