
Ese día, no sé por qué no quería pararme de mi asiento, estaba sentada mirando a la nada; llegaste, tocaste mi mejilla, me saludaste con una sonrisa y preguntaste porque seguía hay, mirando la nada y observándolo todo, te conteste que no pasaba nada en especial, que tal vez esa era la causa de mi actitud despreocupada.
Me tomaste de la mano y me llevaste a caminar, hablamos sin pronunciar palabra, simplemente me llevabas y yo me dejaba llevar, recuerdo que en ese momento, muy rápido muy sutil, tus ojos brillaron como cuando los vi detenidamente por primera vez, quise creer que fue el reflejo del sol y lo deje escapar mirando el camino lleno de rocas.
Cuando regrese a tu rostro, tus labios produjeron un leve cosquilleo en mi garganta, fue extraño, pero se sentía bien y al ver tu sonrisa, en mi mano sostenida por la tuya sentí una gran energía, esa corriente que viajaba de tu cuerpo al mío, esa que erizo mi piel.
Llegamos a un callejón solitario, me arrinconaste, me besaste y me deje besar; sorprendida miraba tus ojos cerrados y tu cabello moviéndose de un lado a otro, todavía sostenías mi mano y esa energía crecía. Ahora yo te besaba y solo podía imaginar tu rostro, ya que mis ojos estaban cerrados; sentía en mi una luz que se encendía con más fuerza cada vez que tu lengua rosaba mis labios y como se erizaba tu piel al poner mi mano en tu mejilla.
De un momento a otro estamos en una habitación, sigues frente a mí pero ahora mis manos rodean tu cuerpo, no sé dónde está tu blusa ni donde está la mía, solo sé que tu espalda es pequeña, suave y es agradable jugar con sus curvas. Cada vez que pasas tus manos por mi cadera, siente ese no se qué, que me hace creer que me derrito y regreso a mi forma original para volver a sentir lo mismo una y otra vez.
Te miro, no me miras y ya no veo tus ojos, tu cabello rodea tu cuello y el mío cae sobre mis ojos, tu espalda recostada sobre mi pecho y mis manos perdidas en tu sexo. Gemidos son un coro celestial para mis oídos, movimientos suaves los responsables de tu placer. Mi circulación termina y comienza en tu cuerpo con un inestable palpitar, se acelera cuando se humedece tu cuerpo y se normaliza cuando logro respirar.
No sé por qué empiezas a desvanecerte y en medio de una cálida oscuridad ya no estamos juntas y al cerrar los ojos, para ver si regresas, despierto, me encuentro en medio de sabanas, mi almohada y la sensación de tus besos en mis labios, un excitante cosquilleo por todo mi cuerpo y una sed de ti que quiero saciar.
Qué sueño tan excitante!
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